La red de bidegorris facilita un recorrido suave bordeando la Bahía de La Concha, cruzando puentes y alcanzando barrios con encanto. Entre tandas, entra en un bar clásico, pide un pintxo de antxoas con guindilla y un trago de txakoli muy frío. Mantén candado a mano, evita horas puntas en pasarelas concurridas y respeta a peatones. Si el cielo amenaza, una chaqueta fina impermeable salva la jornada y el ánimo permanece alto.
Combina trazados litorales con el pequeño ferry que cruza la bahía hacia Somo. El viaje añade encanto marinero y descanso activo para las piernas. En la orilla, la arena firme invita a paseos suaves y miradas largas al horizonte. Busca rabas bien fritas, ligeramente saladas, y acompaña con limón. Revisa horarios del barco, lleva dinero físico por si falla la tarjeta, y protege la bici del salitre con un enjuague al volver.
Desde la Torre de Hércules parten caminos con miradores increíbles. La ruta hacia Mera combina subidas breves, curvas frente al océano y rincones donde el viento dicta el ritmo. Una pausa para pulpo a feira, espolvoreado con pimentón y buen aceite, reconforta como pocas cosas. Controla la presión de neumáticos si hay firme rugoso, mantén luces listas para nieblas sorpresa, y cierra el día con foto frente a faros encendidos.





